Un examen, una amenaza.

Un examen, una amenaza.

Por: Mtro. Arístides Díaz,
Innovation Facilitator, Human-IT Guru and Experience Designer, BPGurus®

Un examen es una amenaza, por lo menos en un estricto sentido psíquico. ¿Cómo lo sabemos? Analicemos qué pasa en nosotros cuando vamos a enfrentarnos a un examen.

¡Tengo que estudiar!

Cuando vamos a presentar un examen y LO SABEMOS, estamos utilizando nuestro sistema de racionamiento, el córtex. Este sistema se encarga de analizar y deducir todo aquello que está pasando en nosotros, nuestro entorno, en el pasado y en el futuro. Aquí formulamos una lógica muy clara: “para pasar el examen tengo que estudiar, si no estudio reprobaré”. Y casi de manera automática se incluye una lógica secundaría que dice “si repruebo me quedaré donde estoy y los demás me dejarán atrás”.

Si eres como muchos de nosotros, seguramente estudias uno o tal vez dos días antes de presentar el examen, lo cual, particularmente funciona para “pasar” el examen. La trampa que nos hace caer y solo estudiar uno o dos días antes se llama “sesgo del sabelotodo”, la verdad me lo acabo de inventar, pero básicamente nos hace pensar cosas como “está fácil”, “sí puse atención en el curso”, “solo necesito repasar algunas cosas”, “los ejercicios anteriores ya los tengo todos bien”, “es OBVIO” y un sinfín de otras “racionalizaciones” que justifican el querer alejar lo más lejos posible lo inevitable: presentar el examen.

Pocos saben que nuestro cerebro tiene una característica muy útil para muchos aspectos de nuestra vida; sin embargo, para un examen es altamente contraproducente. Para evitar la fatiga (porque nuestro cerebro es muy flojo) el cerebro memoriza y mecaniza la mayor cantidad de información posible, busca lo familiar para evitar prestar más atención de la necesaria y con eso ahorrar la mayor cantidad posible de energía. Para que esta función no genere una culpa (y en este sistema se procesa conscientemente), justificamos todas nuestras acciones de manera lógica, y con esto hacerle frente a la amenaza de un examen.

El “tengo que estudiar” supone una obligación, es algo que probablemente muchos de nosotros no disfrutamos si no conocemos nuestras preferencias de estudio. Nos casamos con que tenemos que encerrarnos en un lugar tranquilo, sin distracción, frente a nuestras notas y libros para leerlos de principio a fin y MEMORIZAR todo lo que hay en ellos. Lamento ser portador de malas noticias, pero lo último que el cerebro procesa, aquello que menos se imprime en nosotros, son las palabras; por lo que estudiar de manera tradicional es la forma menos eficiente de prepararnos pasar un examen.

¡Tengo miedo!

El sistema lógico no actúa solo, lleva a cabo su función; es cierto, nos sentimos muy preparados y racionamos todo tiempo y esfuerzo en otras cosas que no sean estudiar. Sin embargo, algunos tenemos esa voz de fondo que nos recuerda todo el tiempo que siempre existe la posibilidad de no obtener los resultados que esperamos; masticamos una y otra vez la idea “¿Y si no lo paso?”. Pueden existir múltiples consecuencias si no llegamos a pasar un examen, la vergüenza de demostrar que nos sabemos, no recibir un premio, quedarse atrás, en fin, cada cabeza es un mundo. Esta espiral de escenarios catastróficos uno tras otro indudablemente nos lleva al miedo.

Sentir miedo es una reacción natural ante la incertidumbre de un resultado, en este caso de un examen importante y es la gasolina de lo que ocurre en nuestro sistema lógico, el córtex del que ya hemos platicado brevemente. Pueden presentarse otros sentimientos y emociones, algunos positivos, algunos negativos. Lo más importante a mencionar, y relevante para un examen, es que, como ya lo hemos mencionado antes, estos alimentan nuestras “lógicas” detrás de un examen y, en consecuencia, nuestra forma de actuar.

El miedo a un examen es una reacción muy normal la cual, con entrenamiento adecuado, puede ser gestionada de diferentes formas. Personalmente creo que querer domar por completo el miedo es absurdo, con no dejar que el miedo te dome a ti, es suficiente.

La palabra examen se puede relacionar fácilmente con una angustia profunda y seguramente muchos coincidimos en ello. La ansiedad y la angustia que representa el tomar un examen es común en todas las etapas de estudio, sin importar el tema, el nivel o grado de conocimientos. Podemos saber de punto a punto el libro de referencia, pero llega el día del examen y todo se nos borra. El miedo a los exámenes se basa en el temor de no poder superarlos, aun teniendo la capacidad y la preparación para ello, nos bloquea un miedo intenso y da como resultado el tan temido fracaso.

Más allá de la emoción y la razón

Huir, pelear o inmovilizarse son las reacciones naturales del ser humano ante cualquier amenaza, son las respuestas básicas para poder “sobrevivir”, dichas respuestas vienen de nuestro sistema más primitivo e instintivo, aquel que no se puede controlar y que reacciona inmediatamente ante la identificación de cualquier elemento amenazante.

Seamos honestos, ¿quién realmente quiere tomar un examen por placer? Claro, los “exámenes de personalidad” que haces en redes sociales no cuentan; esas evaluaciones no te certifican ni demuestran a tus amigos un nivel de desempeño. Si pudiéramos demostrar de formas distintas que sí sé, que sí puedo, y que no necesariamente tenga que ser a través de un examen, créeme, lo harías diferente.

Los exámenes son herramientas útiles, definitivamente, que deben ayudarnos a complementar la experiencia de conocer, asimilar e imprimir nueva información en nosotros mismos para hacer nuestras vidas mejores y, por el contrario, en muchos casos puede llegar a ser una experiencia traumática.

Sería muy interesante saber cuántos de nosotros al terminar la universidad llegamos a pensar, aunque fuera una sola vez, que JAMÁS tendríamos que volver a presentar un examen en nuestras vidas, que habíamos terminado para siempre con la tortura de una evaluación de conocimientos y que nunca más volveríamos a sentarnos frente a esas horrorosas ecuaciones que solo nos hacían creer que nunca fuimos buenos para las matemáticas, el español o la geografía. Qué equivocados estábamos.

Las vueltas de la vida

Para nosotros, los profesionales de las Tecnologías de Información, fue un gran error pensar en que estábamos librados de los exámenes. En la industria de las TI, las certificaciones mantienen a los profesionales relevantes para el desempeño de su trabajo, a las empresas a la vanguardia y a los servicios eficientes. Desafortunadamente, la única manera de llegar a un nivel de certificación es a través de horrendos y tediosos exámenes, unos más amigables que otros, algunos más difíciles. Si decidiste ser profesional de TI esa es la realidad que te seguirá hasta el día de tu retiro.

Seamos optimistas, lo que debemos hacer es ser inteligentes y preparar nuestro cuerpo, mente y espíritu para presentar todos los exámenes que sean necesarios para alcanzar nuestras metas.

Las certificaciones en la gestión de servicios de TI

Si buscamos mejorar, las certificaciones son esenciales para competir y distinguirnos de los demás. Para los profesionales de la gestión de servicios de TI el mejor aliado, sin lugar a duda, es ITIL®.

ITIL® es un marco de referencia que contiene mejores prácticas para los expertos en TI, especialmente la gestión de servicios habilitados por TI, o ITSM por sus silgas en inglés “IT Service Management”, y que soportan los procesos de una organización. Este marco nos ayudará profesionalmente para adentrarnos en la Gestión de Servicios de TI y nos abrirá una buena cantidad de opciones para avanzar en el área de ITSM y, por supuesto, tener mejores resultados.

Empezando por el principio

Para comenzar la aventura de un profesional y experto de gestión de servicios con ITIL® es necesario conocer lo básico, lo fundamental; debemos comenzar por ITIL®4 Fundamentos. Este nivel nos ayuda a obtener un enfoque general, flexible y práctico de las bases para ser parte de la ya muy famosa transformación digital.

Sin importar si tomas el curso de 21 horas o quieres estudiar tú solo, el camino para demostrar que estás listo como un profesional de ITSM será a través de presentar un examen y déjame decirte que no es cualquier examen. Seguramente ya lo conoces o has escuchado de él: 40 preguntas de opción múltiple que dura una hora y tienes que responder correctamente al menos 26 preguntas, el 65%, etcétera, etcétera. Eso solo es el formato del examen, no es el examen en sí mismo.

Para presentar un examen solo nos preocupamos por lo que “sabemos” y debemos “saber”; eso es parte de la amenaza, es verdad, pero no es todo. Alrededor de un examen existen más factores que intervienen en el resultado final y que pocas veces atendemos adecuadamente para poder lograr nuestro objetivo.

Hay muchas recomendaciones al respecto, en esta ocasión te dejo las que considero primordiales.

1. Piensa en los momentos de un examen: antes, durante y después.

La temporalidad de un examen comienza desde que eres consciente que vas a presentarlo algún día y que debes estar preparado desde entonces. Haz memoria, qué cosas te han servicio desde que eras estudiantes ANTES de un examen para alcanzar mejores resultados. También debes recordar qué cosas hacer bien EN EL MOMENTO DEL EXAMEN y prepararte para llevarlo a cabo casi de manera inconsciente cuando tengas que presentar un examen.

Si ya eres un profesional que ha incorporado la agilidad y la resiliencia a su vida cotidiana de manera interna, sabrás que siempre, después de obtener cualquier resultado, debemos hacer una retrospectiva, desde el futuro mirar hacia el pasado y evitar todo aquello que nos estorbó en el camino. Sé que estarás muy feliz de pasar tu examen y de obtener tu certificado, pero, por favor, siempre tómate unos minutos para analizar todo lo que haya pasado, y te regalo este tip para que puedas hacerlo mejor: Piensa en “qué me gusto”, “qué cosas olvidé hacer”, “qué debí haber evitado” y “cómo podría resolver aquello que quiero evitar”.

2. Entiende el procedimiento

Los exámenes de ITIL® no solo ponen a prueba tus conocimientos, también tu capacidad de concentración. Al ser un examen totalmente en línea, todo aquello que conoces con anticipación (recuerdas que hablamos que al cerebro le gusta lo familiar), aquí no lo tendrás. Por lo tanto, en tu primer examen estarás preocupado más en entender lo que está pasando en tu entorno, en tu computadora y con tu vigilante que realmente concentrándote en tu examen. Si conoces de antemano el procedimiento ello mejora tu seguridad y ya no tendrás que poner atención a lo nuevo y solo te concentrarás en tu examen.

Si aún no has vivido esta experiencia, hablaremos de ella en una siguiente publicación.

3. Reconoce tu forma de asimilar información

La memoria es útil, pero es un peligro confiar solo en ella para un examen de certificación. Entiende qué cosas te funcionan a ti, si puedes memorizar cada palabra del libro, adelante, hazlo y presenta tu examen, pero de una vez te digo que hay preguntas que requieren de más habilidades como conocer, conectar, deducir, identificar y muchas otras habilidades cognitivas más que son útiles desarrollar. Haz diagramas, dibujos, mapas, historias, canciones, ejemplos, explicaciones a los demás para que puedas asimilar mejor la información. Nuestra mente absorbe mejor las imágenes que las palabras.

4. Busca una buena compañía

Un instructor, un mentor, un coach o lo que quieras, busca a alguien que te ayude a con tu propio estilo de aprendizaje, que conozca el tema lo suficiente para llevarlo a cualquier nivel, industria o ejemplo alocado. Alguien que sienta pasión por el tema y que esté muy involucrado con él. Que esté contigo en cualquier momento de tu viaje y no solo los 3 días de cursos y unas cuantas horas fuera del salón de clases.

Conclusión

Lo más importante en un examen de certificación profesional, y en cualquier otro tipo de examen, es sentirte SEGURO, pero no solo sentir seguridad porque memorizaste todo el manual, libro o apunte, sino que integralmente está todo LISTO para ser ejecutado, antes, durante y después de él.